Esta frase me ha llamado mucho la atención e inicialmente me pareció que tenía un muy buen argumento para defender la inexistencia del mal, el texto que leí originalmente fue un correo en el que atribuían a Einstein su autoría para humillar a su profesor ateo y demostrarle que el mal no existe. Es importante dejar claro que Einstein no fue quien dijo esta frase como puedes chequear en esta página https://www.snopes.com/religion/einstein.asp. Puedes encontrar el texto original al final de esta página.

¿Existe el mal?

De acuerdo con el texto original, se pretende inferir que el mal no existe porque es la ausencia de Dios, así como que el frío no existe, dado que es la ausencia de calor o la oscuridad no existe, ya que es la ausencia de ligero.

Me diferencio de este argumento que intenta probar que el mal no existe, el hecho de que la oscuridad sea la ausencia de luz no indica que el mal es la ausencia de Dios.

Mi lógica es tan simple como la del texto original y simplemente retrocedo un paso para examinar la causa de que la oscuridad es la falta de luz.

Para que ocurra la oscuridad, algo o alguien debe interponerse entre la fuente de luz y el observador; Por ejemplo, la noche ocurre cuando todo el planeta interviene para apagar la luz del sol, sin embargo, la luz sigue siendo emanada por el sol.

De acuerdo con lo anterior, la oscuridad a nivel espiritual ocurre porque algo o alguien interviene para oscurecer la luz de Dios, y allí encuentro que el mal existe y está dedicado a producir los instintos más bajos en el hombre para que cada vez sea más difícil acercarse a Dios.

Uno de los trucos del maligno es hacernos pensar que él no existe para poder actuar de manera soterrada desgastando nuestra vida y nuestra relación con Dios.

Necesitamos una fuente.

No somos luz simplemente con el deseo de ser luz, para que seamos luz necesitamos una fuente de energía.

Como comparación, podemos ver que una lámpara moderna, con bombillas LED y batería recargable solo funciona si la batería tiene carga, de lo contrario es un objeto inútil. El propietario de la lámpara intenta mantener su batería al 100% para poder usarla en cualquier momento, ya sea para leer o como luz auxiliar en el hogar o en el campamento.

De la misma manera para que seamos luz, debemos seguir recargados, pero ¿cómo lo hacemos? Las personas tienen diferentes maneras de recargar su espiritualidad y así lograr una mirada contagiosa, una cara sonriente, una voz reconfortante y brazos acogedores.

En mi caso, la oración es lo que me lleva a sentirme tan cerca de Dios que me libera el corazón y me permite abrirme al otro, a mi prójimo. De esta manera se cumple la escritura “De la misma manera, deja que tu luz brille ante los demás, para que vean tus buenas obras y glorifiquen a tu Padre en los cielos” (Mt 5, 14-16).

Y tú: ¿cómo recargas tu luz?